Yo estoy desapareciendo, "como el agua entre las manos".


Se quedó muda durante 5 eternos segundos, y entonces reaccionó: se deslizó a la otra punta de la cama, encogida. Se había hecho pequeña, diminuta, estaba helada, mordiéndose los labios para no llorar, por lo menos hasta que no saliera de allí. Sintió una mano por su espalda, y luego un abrazo que parecía decir "lo siento", pero no, no lo dijo. Sus ojos expresaban amor, y los de él... Los de él no lo sabemos porque no fue capaz de mirarle a la cara. Se fue a casa mientras oía sus huesos rompiéndose a cada paso que daba para alejarse, y de fondo, mil gritos que desde el piso parecían decir "lo siento", pero no, tampoco lo dijo. No pensaba. Lágrimas recorrían sus mejillas que con 4º C congelaban cada poro de su piel. El Sol tampoco estaba de su parte. Se tambaleaba, parecía que se iba a caer al suelo y se iba a terminar de romper, o quizás  al contacto con el asfalto podría haberse hecho fuerte, y habría dado media vuelta y le habría mirado a los ojos; pero no llegó a tocarlo.

El hielo también puede quemar. Pero si lo rozas, se agrieta; si lo golpeas, se rompe; y si se rompe, desaparece poco a poco. Y si desaparece, se acaba. Y yo estoy desapareciendo.

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