¿Algo bonito tenía que tener el frío, no?
Es como si de repente hubiera llegado el invierno, y hubiera dado una patada a las manecillas del reloj haciendo que el tiempo volase.
Me acosté cuando era verano y amanecí en pleno día gris. El frío me había entrado por el dedo gordo del pie y había llegado a todas las partes de mi cuerpo. Las aceras estaban mojadas, el Sol no había amanecido y los árboles se sacudían. Era un puto día de invierno en toda regla.
No hacía ni medio año que no me abrazaba por la espalda y metía sus manos en los bolsillos de mi sudadera; no hacía ni medio año de cuando le molestaba mi pelo, alborotado por el viento, en su cara; no hacía ni medio año de su naricita roja que rozaba mi mejilla cuando me besaba.
De los bailes bajo la lluvia. Las carreras para refugiarse en un portal. Las historias que comienzan bajo un paraguas. Los cristales empañados de un coche. Las peleas por ver quién tiene más manta. El frío para sentir que estás vivo.
¿Algo bonito tenía que tener ésto, no?

0 comentarios