Que dure lo que dure
Yo, que me follaba todos mis
complejos cada mañana, que tenía el corazón de hielo, que era la tía más
difícil de todo el jodido mundo, que ni me hacía ni me dejaba hacer, yo…
Esto no es ninguna de esas
historias de putas mariposas en la tripa, es una de esas en las que ni él ni yo
tenemos nada en común, nada, y cuando digo nada me refiero a que no compartimos
ni el mismo oxígeno para respirar. Ni yo iba a suspirar cuando pasara por mi
lado ni él iba a venir a tirarme piedras a la ventana a media noche.
No sé cuando empezó por tercera o
cuarta vez, un día, de repente estábamos unidos por una cama, y ahora le llevo
tatuado dentro del pecho.
Puede que haya sido el único que
ha conseguido follarme más de una vez. Puede que sea el único que ha conseguido
que olvide al resto de tíos. Puede que consiga que le quiera como a nadie, si
es que aún no lo ha hecho.
Algún día podrá contarle a sus
hijos que La Chica Infinita estuvo (casi) enamorada de él. Y yo al resto del
mundo ya le contaré si lo consigue.

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