Volver a casa con las pestañas empapadas de lluvia. Las dos llaves de la cerradura y el calor que se nota cuando cruzas la puerta. En la misma entrada te quitas la ropa que está empapada y se queda en el suelo formando un pequeño charquito. La música On, volumen máximo y te pones a bailar por todos los rincones de cada habitación. Vida. Un paraíso de 40º entre los dedos, y humo, mucho humo; entonces te dejas caer de espaldas sobre el sofá, cierras los ojos y sientes como las notas musicales y el humo del tabaco fluyen rodeando tu cuerpo. La lluvia golpeando el cristal de la ventana. Llamémoslo benditos placeres de la a veces necesitada soledad. Hoy no me llames que no estoy para nadie, rey.
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