El tono de esta puta ciudad no me está haciendo ningún bien
Tan solo pido una de esas historias en las que yo duermo y tú te cuelas en mi habitación para despertarme cada día.
El típico saludo a mi madre y la excusa de ‘habíamos quedado y llega tarde’. Que entre las rayas de mi persiana aparezca tu sombra, y entonces de puntillas recorres mi habitación y te tiras encima mía. Me bailas con los dedos el pelo, subes la persiana y mientras me haces cosquillas en las caderas y me das besos por toda la cara me repites infinitas veces que me levante. Me destapas y la piel se me eriza por el frío -jodida manía de dormir en bragas-, me abrazas y me dices ‘buenos días reina, es hora de largarnos de aquí’.
Me metes en el baño, cierras la puerta y me eliges los pitillos, la camiseta y las bambas. Un beso en la frente a mi madre y un ‘te quiero’. Nos metemos en el coche y 10 minutos después llegamos a nuestro “allí donde solíamos gritar”.
Música en los oídos, bambas en el salpicadero, Sol en la cara y aire en el pelo.
¿Te lo imaginas?

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