(Ene)(a)mistades


La amistad sincera del que me escribió un 'buen viaje' en el banco de la puerta de mi casa horas antes de coger un avión.

La amistad sincera de la que me descubrió a mi grupo de música favorito. Y me llevó a recorrer de los peores a los mejores escenarios.

La amistad sincera de la que salió de un concierto cuando tocaban nuestra canción favorita para que no me desmayase porque hacía mucho calor.

La amistad sincera de la que me puso un mote por mi tatuaje de la muñeca y se hizo universal.

La amistad sincera de la que dentro de su caos guarda un espacio pequeño donde me siento cómoda. Y eso que las músicos casi no tienen espacio para nada.

La amistad sincera de la que me perdonó o asumió o permitió que me enrollara con su hermano.

La amistad sincera del que lloró porque me vio llorar una noche de verano en un hotel de Mallorca.

La amistad sincera de la que me confió sus peores secretos, los de muerte, y a veces también los de vida.

La amistad sincera de la que me perdonó que faltara a su cumpleaños, por segundo año, porque me estaban operando de apendicitis.

La amistad sincera de la que se vino los viernes en renfe a Madrid para recorrérnosla inventando canciones.

La amistad sincera de la que robó las llaves de la azotea y me invitó a pasar el rato haciéndonos fotos para luego regalármelas en un cuadro gigante.

La amistad sincera de la me escuchó cuando estaba hundida y me dijo cómo salir porque ella ya lo había estado.

La amistad sincera de la que espachurraba a mi gata hace años pero hoy todavía nos abrazamos al vernos.

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