Como dice la canción, sueños de una noche de verano


En mis veintiún años y medio me han perdido tanto como he ganado, aunque no de la misma importancia. Ni de la misma edad.

Si hemos venido al mundo es para viajar, y para regresar cuando nos dejen. O para que cuando nos pidan volver estemos tan lejos de la realidad que vivir se haya convertido en no querer. Y no querer en querer a otros.

De todos los amarillos que he conocido sólo uno lo es de verdad. Y el pobre está tan ocupado por ahí, que es el único que ha sabido serlo. Amarillo. Amarillo tan lejos como tan cerca en cuestión de segundos. Y además para el tiempo.

Hubo uno con el que además compartí un mismo futuro. Y que después de varios intentos por cambiarme por otra gané yo. Porque yo siempre gano. Porque escribo, y los que escribimos decidimos quién se queda con nosotros.

Cuando empiezas a vivir dejas de echar de menos. A más. Nadie es imprescindible como no lo son las olas que llegan a la orilla. Se rompen. Se acaban.

Como dice Irene X:

'Cuando has cerrado una puerta, dime qué cojones importa que se abra una ventana si te has pillado los dedos'

Y sí, tiene razón, estando más o menos viva no voy a mantener ni rencor ni odio. Estoy en paz con mi pasado.

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