Lo dulce de noviembre
Ni llovió, ni hizo tanto frío. Ni siquiera fue un martes. No estaba la misma gente, ni era el mismo lugar. Solo compartían la fecha en el calendario.
Ni mi pelo era tan largo ni tus manos tan suaves. Ni yo estaba tan ebria ni tú, tan sobrio. Pero la noche fue soberbia.
Fue una noche que duró poco más de 7 días. Pero sin ella, si no hubiera salido aquella luna, hoy no serías mi no sé qué.
Que si me duermo en tu pecho es para oírte lartir en clave de amor. Y si me abrazo a tus camisetas es para que no te me escapes ni en sueños.
Porque conviertes cualquier habitación de mala muerte en el mejor hotel de cinco estrellas; sin contar contigo, que eres la sexta.
Hay que saber elegir la piedra con la que tropezar, y mejor si la misma que me tira es la que luego me levanta.
Hay que saber buscarse en esos ojos, en los que a veces solo quedan las pestañas, y tener huevos para encontrarse. Yo me he encontrado porque tú me has buscado.
Colgados, el uno en el otro, y atados, para que nunca nos podamos soltar, para que te quedes hasta a dormir.
Que seas todo lo que José Chino escribe en Elástica Galáctica.
¿Me quieres?

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