Algo así como el fuego de tu hoguera



He pensado que el amor es como un tipo de religión. Hay pocas diferencias entre Dios y el amor. Yo que siempre he odiado a esas personas que darían su vida por Dios, ahora daría la mía por amor. No sé en qué lugar me deja a mí esto ahora.


Todos perseguimos eso, dedicamos nuestra vida a no acabar solos. Hay veces que somos capaces de conformarnos con lo primero que se cruza en nuestro camino. A todos nos pasa, pero entonces yo pienso irremediablemente una y otra vez: ‘Va tío, me gustan todos menos tú’. -Menuda putada- Justo tres minutos antes se me había ocurrido que no era tan difícil que dos personas se gustaran, bueno, se quisieran. 
Y yo, que reivindico la individualidad, que me defino como UNA y no como la mitad de dos, que busco la felicidad en mí misma me doy cuenta de que ‘es difícil gozar con un te quiero propio.’ Te quiero. Esas dos putas palabras que te llenan la boca al pronunciarlas; las mismas que, ignorantes de la vida, utilizáis al tún tún, joder, decís te quiero como si pidierais un vaso de agua. 
Ahora ya he acabado conmigo misma y toda mi puta filosofía de vida, así que me bajo a la calle. 

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